M aría del Monte es ganadera con vacuno y porcino en extensivo y gestiona la ganadería familiar en El Pedroso, ubicado en las estribaciones de la Sierra Norte de Sevilla, aunque su familia paterna pertenecía a un pueblo de Burgos, Huerta de Abajo, situado en la Sierra de la Demanda Norte de Sevilla. En 2016, junto a otros jóvenes pastores, empezó a formar parte de la fundación SOMOS Sierra Norte de Sevilla . Gracias a un compañero de dicha asociación, conoció la existencia de Ganaderas en Red y enseguida se sintió acogida y parte de un grupo. Esta comunidad de ganaderas se define como «muGeRes de tierra, viento y ganado» y con ello lo que quieren transmitir es que llevan: «la tierra en el alma, el viento en el pelo y el ganado en el corazón».
Me siento orgullosa de ser ganadera en extensivo
A pesar de que su sueño siempre había sido dedicarse a la ganadería, decidió estudiar perito agrícola para así asegurarse «ciertas comodidades». Durante varios años, compaginó algunos trabajos al mismo tiempo que ayudaba a su padre con el manejo del ganado (algo que había estado haciendo desde niña) y, en especial, con un asunto que cada día se complicaba más: las gestiones administrativas.
Monte se vio cada vez más involucrada en la ganadería familiar, tanto es así que su padre empezó a poner algunas vacas a su nombre. El día en que él falta, no duda ni un segundo y toma las riendas de la ganadería gracias a todo lo que había aprendido al lado de su padre, el amparo de su familia y con la ayuda del hombre que trabajaba en la ganadería familiar. Los inicios de Monte no siempre fueron fáciles, dado que a los cinco años de haberse hecho cargo, tuvo que hacer frente a dificultades económicas, a las cuales logró hacer frente con la ayuda de su expareja y su hermana.
A raíz de la pandemia de coronavirus cuenta con la ayuda de su hermana, que hasta ese momento había vivido en Castellón, con una vida desvinculada del oficio. Monte se emociona al rememorar la muerte de su padre, las épocas difíciles, las dificultades económicas y la ruptura con su expareja, que suponía un gran apoyo para ella. Pero sus ganas de seguir adelante y luchar por su ganadería no desaparecen.
¿Actualmente estáis trabajando las dos solas, tu hermana y tú?
Monte: Sí, sí, aunque hay momentos puntuales en los que cuento con la ayuda de otra persona, como el otro día me llegó un camión de heno y yo no puedo subir alpacas sola; o cuando toca el saneamiento, necesitamos a alguien que nos ayude con el manejo. El resto, prácticamente lo hacemos nosotras. Además, mi hermana se adaptó bien al trabajo del campo, porque, aunque conocía los animales, había trabajado muy poco con ellos hasta entonces. Y, de hecho, ella tiene una mentalidad mucho más práctica y yo tengo otra forma de ser, y por eso nos compenetramos tan bien. Yo me quedo aquí haciendo cosas en el campo y ella va a echar de comer a las vacas.
¿Llegaste a ejercer de perito agrícola?
Un mes [nos dice entre risas]. Y ni siquiera puedo decir que fuese de lo que había estudiado, porque estuve un mes trabajando en el Comité de Agricultura Ecológica, pero me dedicaba más a la parte administrativa: llamando a los socios a los que había que hacerles las inspecciones, pero de perito agrícola como tal, no. Sí que lo he aplicado a lo que hago aquí en el campo, pero asignaturas de ganadería tenía muy pocas. Yo tenía claro que no quería ser agrónomo, ni veterinaria ni nada. Desde que conocí la carrera supe que quería ser perito agrícola. Me ha venido muy bien la formación, porque te familiarizas con muchas cosas, sabes cuándo se está hablando de cosas del pasto, de una dehesa… Aunque es una carrera enfocada a árboles leñosos y herbáceos, me vino muy bien la verdad.
¿Qué es lo que más te ha costado?
A mí una cosa que se me ha dado fatal, que a mi madre se le daba muy bien porque venía de una familia con una tienda y mi padre era tratante, era hablar con la gente. El que mi madre me dijera: «Venga, ve a fulanita a vender esto y lo otro», yo eso del trato era algo de lo que no me creía capaz. Pero ahora se ve que me está gustando, no solo el vender la carne, sino el trato con las personas. Además, como tengo un buen producto, hasta ahora no hemos tenido quejas, te satisface esa conversación con el cliente. Ese feedback, que es una palabra muy moderna, con el cliente.
Monte nos cuenta que empezó con la venta de carne de manera espontánea, aunque era una idea que le había rondado muchas veces por la cabeza, pero no había tenido una buena oportunidad hasta ese momento para poder llevarla a cabo. Así, con la ayuda de Carmen Bendala ha podido poner en marcha la comercialización de la carne que produce. Tiene muy claro que hay que ser capaz de adaptarse dependiendo de la situación del sector en cada momento.
En el campo no podemos ir con una idea y decir: Yo lo voy a hacer de esta manera. Al final son tantas circunstancias…que hay que adaptarse a lo que vaya pasando
Si pudieses volver atrás, ¿volverías a quedarte con la ganadería?
Sí, sí, pero de otra manera, por supuesto. Echando más cuentas de verdad, echando números. Yo estoy contenta con lo que hago, soy feliz siendo ganadera pero cuando tú sales de una carrera y eres una persona joven no quieres esas cosas, no quieres trabajar como autónomo. Has crecido viendo a tu padre, día a día, dedicado completamente al campo. Tampoco quería que él vendiera el ganado, pero sí quería una independencia, mi propia vida y yo eso nunca lo he tenido. Pero vamos, que he sido una persona que se ha adaptado a todas las circunstancias que se me han ido presentando.
¿Crees que priorizaste las necesidades de tu padre en ese momento y no tuviste en cuenta las tuyas?
Yo no puedo decir que me viera obligada a esto. Si yo hubiera querido, podría haber dicho: «Mira, papá, no. Hazlo de otra manera», como han hecho muchos hijos. No habría habido ningún problema en que yo le dijese eso a mi padre. Pero como lo había visto siempre trabajar tanto y a mi madre también, cómo iba yo a decirle a mi padre que no venía a echarle una mano, porque además era una cosa que a mí me gustaba. Yo no me vine de Sevilla a ser ganadera, me vine con mi trabajo y solo para ayudarle a él a arreglar papeles, pero claro yo tenía mi sueldo. Vivía con mis padres, pero tenía mi sueldo, que en realidad ese dinero iba para el negocio, pero bueno estaba contenta con mi propio trabajo.
¿Cuál consideras que es el principal problema de la ganadería?
Que no depende de sí misma. Pero te podría decir muchos más. Es el papeleo, la falta de precios en condiciones, la subida de los costes de las materias primas… pero todo está relacionado con una sola cosa y es que tú no dependes de ti mismo. Cuando no depende de ti, tú no pones normas de absolutamente nada, tú solo estás criando animales. Todo es tan estricto, que no te dejan hacer nada… Como mucho te dejan elegir si quieres echarle a una vaca un pienso u otro, echar heno o paja. Porque la legislación lo tiene ya todo estructurado, yo no puedo decidir si un animal lo quiero vender más grande o más pequeño. Siempre por algún sitio tienes alguna pega. Con los cerdos lo mismo, las lonjas son de hasta dos arrobas, si se te pasa un poco de esa medida te bajan el precio. Entonces yo sé que si quiero vender lechones los tengo que vender de tostones[1]… Pero bueno, eso es algo que depende del mercado; y además, tú no puedes poner el precio de tus lechones. Si a mí me suben los costes de todo, por la guerra, la crisis…etc., yo no puedo subir el precio de mis animales. Además de todo el tiempo que pierdes gestionando cualquier asunto con la OCA (Oficina Comarcal Agraria).
¿El grupo de consumidores de La Red Agroecológica de Sevilla os conocen directamente a vosotros, los ganaderos?
Sí, esto me permite llevar a cabo la venta directa. En realidad, el grupo de consumidores es de Carmen Bendala, y a raíz de ella me uní yo también. Ella los trae una vez al año, hace una jornada de puertas abiertas en su finca Riscos Altos en Cazalla de la Sierra. Así que cuando empecé a vender la ternera con ella, me dijo que fuese para que pudieran conocerme. Hace una pequeña visita por allí, les ofrece los productos que tenga disponibles en ese momento. Y también organiza campamentos de verano. Carmen en todo momento tiene preparado, aparte de la lista de precios, un dossier con los productos y la información: de quién es y de dónde viene el producto para que el cliente sepa en todo momento cómo se han criado y alimentado esos animales, que vean que son realmente de ganadería extensiva. Carmen cuida muchísimo el trato con el cliente, y eso es algo que a mí me encanta. No es lo mismo la venta directa, que la venta de proximidad. Venta directa es cuando tú tienes tus animales o se los compras a otra persona, como es el caso, porque Carmen me compra a mí el añojo[2], y lo vendes, pero sabes de quién es. Y la venta de proximidad es cuando yo tengo unos becerros y se los ofrezco a una carnicería de la zona, y si el carnicero quiere puede decir o no de dónde es la carne que vende.
Además, en Ganaderas en Red estamos trabajando para diferenciar los productos de ganadería extensiva.
¿Tenéis luz, agua e internet?
El agua es de pozo, pero sí, sí. Tenemos luz e internet también, porque hay teléfono. Pero ya con esto del móvil, no usamos el teléfono, utilizamos internet del móvil.
¿Has pensado en el turismo rural?
Sí, pero es que ya hay mucho turismo rural y, además, es necesario dedicar mucho más tiempo. Si yo hago algo más es para centrarme en eso y ahora estoy centrada en la venta de carne.
¿Puede ser la venta de carne una solución para el problema de los precios?
Sí, bueno no creo que la carne sea la solución, es un complemento… Como lo puede ser el turismo rural. Opciones hay muchas, una no puede cerrarse a nada.
¿Cuál crees que es el problema para que haya tan poca gente joven dedicándose al ganado?
Yo creo que es por cómo está la ganadería en general. Ya no es ganadería en sí. Antes era más duro vivir en el campo, pero ahora que somos muchos jóvenes, que hay internet, que hay luz, que hay tantos adelantos… Antes el problema estaba en lo que era el trabajo en sí, pero ahora que ese trabajo es más fácil que antes, que está más tecnificado, lo han complicado con muchas normativas. Además, los jóvenes primero deben tener un respaldo y no todos cuentan con él, no tienen las mismas oportunidades para hacer prácticas…etc. Y sobre todo no tienen acceso a tierra, ganadería, animales… Cuando al fin consiguen acceso a una ganadería o tienen la oportunidad de poder comprar ganado, las expectativas económicas son negativas, por lo tanto, todos prefieren trabajar para tener un sueldo. Se les ha complicado bastante en este sentido.
¿Qué han supuesto las asociaciones para ti?
Ganaderas en Red ha sido aprender que yo soy ganadera de extensivo. Yo sabía las diferencias, por supuesto, pero es distinto. Las asociaciones son sinónimo de inquietud por aprender. A mí siempre me ha gustado hacer cursillos, estudiar, ir a charlas. Yo entré en SOMOS entre otras cosas por enterarme de aquello que yo no habría sabido por otros medios, porque viviendo en el campo no me llegaba la información. Cuando yo estaba en la universidad tampoco, porque todos los fines de semana venía para casa. Gracias a SOMOS estoy al tanto de normativas, jornadas, y sobre todo comparto inquietudes con mis compañeros, es un placer trabajar con ellos por nuestra comarca, que sus habitantes se sientan orgullosos de dónde viven y que la administración nos tenga un poco más en cuenta. Con las asociaciones no estás sola.
¿Te ves trabajando de ganadera en los próximos diez años?
Yo en principio quiero seguir con esto. Ahora que en dos años voy a terminar de pagar una hipoteca y me sigo viendo aquí, pero no sé lo que va a pasar. Diez años es mucho, yo ahora que no tengo pareja, si encuentro una pareja que vive en otro sitio y me sale hacer otra cosa distinta… Pero ahora mismo yo quiero seguir con la ganadería, adaptarla a la nueva situación de cambio climático y aumento de costes, porque no quiero seguir agobiada dentro de diez años, y poder trabajar en esta profesión que tanto me gusta.
[1] Se trata de la cría del cerdo que no suele superar las tres semanas.
[2] Becerro o cordero que tiene un año o poco más.
